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¿DÓNDE DEMONIOS ESTARÁ JIMI HENDRIX?

¿DÓNDE DEMONIOS ESTARÁ JIMI HENDRIX?

SERRANO

Como cada jueves, después de nuestra pachanga al básquet de tres, nos dirigimos a la taberna de Diego, el “Bar Real” o como era conocido en nuestro pueblo el reales. Era el día en el que los propietarios y padres de Diego cerraban para su propio descanso y los amigos de la liguilla aprovechábamos para tomarnos unas cañas después de nuestra notable pérdida de electrolitos. Tras encender la música y la plancha nos dispusimos alrededor del barril que ocupábamos siempre. Era ese, con el tamaño perfecto, colocado estratégicamente entre el pilar maestro del local que nos tapaba los efectos negativos de los aseos pero a su vez, nos permitía a través del gran ventanal ver el patio interior que tan bonito tenía decorado su madre al estilo andalusí. Tras unas cuentas cervezas y unos platos que desbordaban más grasa que aporte nutritivo me sentí como rejuvenecido, con el ánimo crecido. Así que decidí fumarme un cigarrillo para colmar la sensación de satisfacción que me invadía. Esos días acostumbrábamos a fumar dentro del local abriendo la amplia ventana, sin embargo esta vez Diego no nos lo permitió debido a que su madre le había propiciado una regañina alegando los efectos dañinos que el humo del tabaco provocaba sobre las macetas que colgaban de la blanca pared del patio. Al regresar al interior advertí algo en lo que no me había fijado en el primer momento que entré ese mismo jueves. La taberna parecía mucho más amplia de lo habitual y así lo hice saber.

—Diego, ¿qué ha pasado con los taburetes?—. Dije mientras terminaba de exhalar la última calada de mi cigarrillo.

— Tienen ya algunos años y de vez mi padre los lleva a la carpintería para que los encolen de nuevo apuntó con desaire y ademán distraído como si el tema no fuera con él.

— ¿Y qué le pasa a Jimi Hendrix?—, pregunté mientras me iba tras él.

—No le ocurre nada, al menos que yo sepa—. Me respondió sin inmutarse.

—Ahm. Como no está en su pedestal pensaba que también estaría en el taller de reparaciones—, dije haciendo hincapié en esto último.

— ¿Cómo que no está Jim…?—, antes de dejar la frase a medias ya se había girado sobre sí mismo para acercarse al rincón donde durante décadas había permanecido un busto de Jimi Hendrix en oscura madera de caoba.

“La joya de esta Santa Parroquia”, es como solía citarlo el padre de Diego a todo aquel que le preguntaba por esa artesanía al tiempo que guiñaba un ojo a su esposa. Por lo que no se sabía muy bien si se refería al busto de Hendrix o a Maruja.  Ella, por su parte, siempre respondía con una sonrisa fresca y estoica el manido chascarrillo de su marido. Ramón gustaba de contar la misma historia sobre como adquirió el busto a todo aquel que le preguntara, aunque ello acarrease la dispersión del resto de parroquianos habituales por todo el local, que hartos de escuchar la misma cantinela desembarcaban en la calle o frente a la diana.

El relato se remontaba a principios de los años ochenta, antes de que los padres de Diego tuvieran tan siquiera conciencia el uno del otro. En uno de los viajes que había hecho Ramón por la Región se hospedó en una casa de huéspedes en la carretera hacia Archivel. Era un domingo soleado aunque no caluroso cuando ya llegado al pueblo se encontró en la misma plaza un mercadillo artesanal itinerante que iba recorriendo el Noroeste. Allí halló un tenderete con un enjuto vendedor que ofrecía gran cantidad de baratijas, entre las que resaltaba un espléndido y lustroso busto tallado de Jimi Hendrix. Quedando así Ramón fascinado, lo compró sin negociar ni una peseta. Cuando heredó la pequeña taberna de su padre decidió, una vez finalizadas las obras que tenía en mente, que el busto debía tener un lugar prominente dentro su local. Por ello mandó construir un pedestal de madera clara donde colocarlo así como poner un foco cenital que lo iluminara.

Diego llamó a sus padres para preguntarles por semejante ausencia y en cuestión de diez minutos se presentaron allí con la Guardia Civil. Maruja y Ramón relataron lo que sabían a los dos agentes que allí se encontraban, sin embargo no eran más que lo que los presentes sospechábamos. La noche anterior, a la hora de cerrar, ellos mismos habían apagado el foco y cerrado con doble vuelta la puerta. Después nos tomaron declaración a nosotros, con Diego como portavoz, que defendía estar todo cerrado y en orden cuando nosotros llegamos esa misma noche.

La Guardia Civil se despidió con bastante celeridad en el mismo instante en que acabaron con sus interrogatorios. La madre de Diego no parecía estar tan disgustada si la comparamos con la nívea tez de su padre, que se escabulló casi sin mediar palabra con nadie. Una vez se fueron marchando todos poco a poco, tan sólo quedábamos tres de la multitud que éramos en el momento de descubrir el hueco que había dejado el preciado objeto. Nos decidimos a rastrear pistas en su búsqueda pero nuestro primer intento fue en vano y decidimos dejarlo por el momento. Pasaron los días sin que obtuviésemos noticia alguna del paradero del busto y viendo que no avanzábamos en la investigación convinimos que tras los partidillos seguiríamos nosotros una línea diferente para intentar dar con Jimi Hendrix. Con los meses fuimos perdiendo tanto el interés como las ganas, así que volvimos a nuestras viejas costumbres.

En la semana que se cumplía el primer aniversario de la misteriosa desaparición, al levantar la persiana de la taberna nos encontramos un sobre cerrado en el suelo. Diego lo cogió extrañado y al abrirlo comenzaron a temblarle las manos al tiempo que se le escapa una media sonrisa.

—Papá, ven rápido…es Jimi Hendrix— le gritó a su padre por teléfono al tiempo que nos mostraba el contenido del sobre.

Han pasado ya seis años desde el robo y ahora sobre el pedestal donde antes se exponía el busto, Ramón ha decidido dejar paso a un panel donde expone fotografía que recibe de la escultura en distintos lugares del planeta. México, Egipto o la India han tenido el privilegio de ser algunas de sus paradas. Ahora cada año, espera ansioso una nueva imagen del busto mientras todos en el pueblo se preguntan: ¿dónde demonios estará Jimi Hendrix?